Según un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, el terremoto en Haití arrojó pérdidas en edificaciones por 14.000 millones de dólares; en Chile, las mismas ascendieron hasta US$8.000 millones. Cifras que ponen en evidencia la necesidad del sector constructor mundial de implementar mejoras tecnológicas y constructivas, en zonas susceptibles a este tipo de desastres naturales.
En el caso colombiano, “desafortunadamente, el nivel de aseguramiento es muy bajo, por la baja percepción de riesgo de las personas”, asegura el gremio de las aseguradoras, Fasecolda. “El porcentaje de aseguramiento de edificaciones terminadas es cerca del 10%; muy bajo si se considera que hace 10 años en el sismo de Eje Cafetero esta proporción era la misma”.
“La falta de sismorresistencia se presenta generalmente en la autoconstrucción y la misma es preocupante. Sin embargo es relativamente fácil identificar estas zonas, lo mismo que las construcciones que se edificaron con antelación a la primera norma sísmica”. Pero más preocupante aún es que se presenten estas fallas en diseño o en las construcciones mismas, sobre obras en donde intervienen ingenieros y arquitectos que están obligados a cumplir con las normas. “En el sismo de Armenia de 1999, por ejemplo, colapsaron construcciones supuestamente sismorresistentes por defectos en los materiales de construcción. Fue tan evidente la mala calidad en los materiales que resultó perturbador para los aseguradores”, afirmó la entidad.
Así mismo, resulta muy preocupante para el sector que no se apliquen los resultados de los estudios de microzonificación sísmica en algunas ciudades importantes, por falta de determinación del gobierno local. Esto genera vulnerabilidades que pueden terminar en enormes pérdidas materiales y de vidas.